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EL
PODER DE LAS ALTERNATIVAS O
LOS LÍMITES DE LA NEGOCIACIÓN
David A. Lax y James Sebenius
Negotiation Journal, Vol. 1 (Abril 1985), pp. 163-178.
Traducción de Victoria Valles de Pisonero
Las personas que están a punto de participar en una negociación
a menudo buscan consejos. Invariablemente, muchas de las preguntas,
en ocasiones la mayoría, tienen un sesgo táctico: ¿Cuánto debo
conocer acerca de la psique y del pasado de la otra parte? ¿Debo
establecer el primer contacto? ¿Por teléfono, en persona, por
correo o mediante un tercero? ¿Debo vestir un traje oscuro y
citar a la otra parte en un restaurante caro cercano a mi oficina?
¿Debo brindarle bebidas fuertes? ¿Debo sentarme de espaldas
a la pared y con el sol de frente a los ojos de ellos? ¿Hacer
la primera oferta? ¿Iniciar con una oferta alta? ¿Conceder lentamente?
¿Negociar los puntos más fáciles primero? ¿Actuar en forma conciliadora,
dura, amenazante o como una persona que desea resolver los problemas
conjuntamente? ¿Debo buscar un asociado que asuma una posición
dura? ¿Pensar en criterios que me convienen o en principios
objetivos?. Y otras tantas preguntas.
Tales preocupaciones tácticas, por lo general, llaman la atención
de los analistas y los profesionales de la negociación. No obstante,
las respuestas prácticas y teóricas a estas preguntas con frecuencia
comparten una importante premisa implícita. Al intentar influir
o predecir los resultados de la negociación dentro de un ámbito
determinado de acuerdos posibles, las respuestas generalmente
asumen este ámbito inmodificable. En contraste, en este artículo
investigamos una serie complementaria de preguntas con relación
a los factores y movimientos que determinan y pueden alterar
el ámbito de los acuerdos posibles.
Si caracterizamos la negociación como un proceso interactivo
mediante el cual dos o más personas persiguen la obtención,
conjunta o cooperativamente, de mejores resultados de los que
obtendrían “de otra manera”, entonces la “otra manera” se convierte
en un asunto crucial. Las mejores alternativas que tiene cada
una de las partes a un acuerdo indican los límites de cualquier
acuerdo. Para cada parte, la prueba básica de cualquier acuerdo
propuesto depende de si éste ofrece un valor subjetivo mayor
que el mejor curso de acción disponible sin el acuerdo. De este
modo, los movimientos “alejados de la mesa de negociaciones”
para dar forma a las alternativas al acuerdo que tienen las
partes pueden ser de igual o mayor importancia que las tácticas
empleadas “en la mesa de negociaciones”. Las acciones de primer
tipo delimitan el alcance de los posibles acuerdos; las del
segundo tipo influyen en la elección de un punto preciso dentro
del campo de acuerdo posible. El arsenal estratégico dentro
del cual se seleccionan los movimientos del segundo tipo incluye
acciones que mejoran las alternativas disponibles a la negociación,
por ejemplo, la búsqueda de un precio mejor o de otro proveedor,
la asociación con un socio amistoso en respuesta a las negociaciones
en torno a una adquisición hostil, o la preparación para una
invasión en caso de que las conversaciones no conduzcan al resultado
más deseado.
Al resaltar el hecho que la deseabilidad de un acuerdo negociado
se deriva de su posible superioridad a la acción individual,
enfatizamos nuestra visión de que la negociación es un medio
para lograr, a través de la cooperación, resultados superiores
a los que se lograrían de otra manera.
En consecuencia, los acuerdos potencialmente negociables deberían
evaluarse como competidores frente a otras posibilidades para
lograr fines deseados. Este enfoque ayuda a determinar si se
debe negociar en absoluto, si se debe continuar con el proceso,
si se debe aceptar un acuerdo y si éste, una vez alcanzado,
será estable.
1. LAS ALTERNATIVAS EN TEORÍA
Muchos teóricos asumen como un hecho que si la negociación no
es concluyente, las partes recurrirán a sus mejores alternativas.
Por ejemplo, los teóricos de los juegos (e.g. Roth, 1979), habitualmente
incluyen la posibilidad de no acuerdo en su especificación de
las situaciones de negociación. Otros tratamientos formales
y explicaciones convencionales de negociación toman en cuenta
implícitamente el potencial para mejorar las alternativas en
la evaluación del no logro de acuerdos. No obstante, se le da
relativamente poca importancia a los aspectos estratégicos de
las alternativas o a los complejos movimientos que hacen los
negociadores con la finalidad de ajustar, proteger y mejorar
las mismas. Generalmente, los analistas asumen como dada la
estrategia a seguir en caso de no acuerdo (incluyendo cualquier
búsqueda de mejores alternativas) o la toman como un punto de
referencia para el estudio de negociaciones subsecuentes. Este
enfoque conlleva el supuesto que las alternativas, al igual
que las partes o los asuntos a negociar, constituyen un rasgo
incambiable de la especificación de la negociación. Según este
razonamiento, permitir movimientos que afectan las alternativas
para luego descubrir que la negociación ha cambiado es hacer
trampa.
Sin embargo, muchas circunstancias pueden justificar el tratamiento
de las alternativas como algo sujeto a cambio en el curso de
una negociación. De este modo se supera la objeción potencial
de los teóricos. El mejorar las alternativas puede tomar su
tiempo y es posible que las investigaciones que se iniciaron
con anterioridad a la negociación prosigan paralelamente junto
a ésta. La generación de nuevas alternativas puede ser costosa
y es posible que una búsqueda limitada sea óptima al comienzo.
En las negociaciones prolongadas y complejas, en especial, se
puede obtener información e interpretaciones novedosas acerca
del ambiente externo y de la situación de negociación (los verdaderos
intereses, y las aspiraciones y tácticas de los otros participantes;
las probabilidades subjetivas de alcanzar diferentes soluciones,
así como los posibles costos en dinero, energía, y tiempo que
requiere el acuerdo). Por ende, las decisiones sobre la extensión
e intensidad de los movimientos para modificar las alternativas
deberían estar condicionadas por la apreciación que se tenga,
en cada momento de la negociación, con relación al futuro de
la misma. Al mismo tiempo, el resultado de tales movimientos
puede afectar la naturaleza de la negociación y de las tácticas
empleadas. En vista de esta dinámica relación entre la negociación
“interna” y la búsqueda “externa”, los participantes completamente
racionales pueden continuamente contemplar la posibilidad de
alterar sus tácticas, lo cual incluye la posibilidad de reactivar
o intensificar la búsqueda de mejores alternativas. En general,
los recursos tales como el esfuerzo, el tiempo o el dinero deberían
dirigirse a la modificación de las alternativas existentes o
a la generación de nuevas alternativas, hasta que las mejoras
esperadas en el valor del resultado de la negociación, producto
de la inversión de recursos adicionales, equivalgan el costo
de dicha inversión.
Al igual que el compromiso, la amenaza, y la promesa, la alternativa
puede incidir funda- mentalmente en el proceso de negociación.
Sin embargo, al resaltar las alternativas de este modo se corre
el riesgo de otorgarles un énfasis negativo, puesto que, al
concentrarse en los límites de la negociación, se ignora su
potencial. Existen muchas técnicas y principios cuya finalidad
es ayudar a la creación y mejoramiento de acuerdos conjuntos,
a los cuales cada una de las partes otorgaría un valor mayor
que a su mejor alternativa al acuerdo. Después de todo, el punto
primordial de la negociación recae en la posibilidad de obtener
ganancias a través de la cooperación. Pero las alternativas
de las cuales se desprenden los límites, precios de reserva,
o puntos topes proporcionan los patrones para la evaluación
de acuerdos potenciales.
Las alternativas pueden ser tan variadas como las situaciones
de la negociación a las cuales circunscriben. Las alternativas
pueden ser contingentes y poseer múltiples atributos: el acudir
a la corte en lugar de aceptar un acuerdo negociado puede involucrar
cierto grado de incertidumbre, ansiedad jurídica, costos legales,
costos de tiempo y precedente que contrastan con la certidumbre,
y el carácter exclusivamente monetario de un acuerdo previo
al juicio. Las alternativas pueden variar con el transcurso
del tiempo a la luz de nuevas informaciones, interpretaciones,
movimientos competitivos y oportunidades. En caso de no alcanzar
un acuerdo, se podría reemplazar el status pero para una de
las partes: una nación actualmente neutral puede haber decidido
alquilar su base naval a una superpotencia si no llega a acuerdos
con la otra. En negociaciones entre múltiples partes y en las
organizaciones, las alternativas de una parte pueden ser el
conjunto de acuerdos alcanzables por coaliciones opositoras
potenciales. Son comunes las amenazas abiertas de una parte
para cambiar las alternativas al acuerdo de la otra: la oferta
del padrino “que usted no puede rehusar”. La mejor alternativa
de un acuerdo negociado puede ser seguir negociando: en el control
de armamentos, en las deliberaciones organizacionales o en las
pequeñas disputas maritales, el no alcanzar un acuerdo puede
conducir al empeoramiento de las relaciones, la privación de
beneficios y la alteración de posibilidades de acuerdo, pero
en todo caso permanece la necesidad de mantener las conversaciones
entre las diferentes partes involucradas. En todas estas diversas
situaciones, el aspecto analítico central de las alternativas
se desprende de la comparación que se establece entre el negociador
su evaluación del acuerdo y del no acuerdo. Existe una similitud
estratégica sin que importe si las alternativas sean ciertas
o inciertas, posean uno, muchos o distintos atributos, sean
estáticas o dinámicas, o dependan o no de otras partes negociadoras.
Existe una variedad de técnicas bien desarrolladas para ayudar
a comprender y evaluar muchos de estos tipos de alternativas
a un acuerdo negociado. La utilidad subjetiva esperada de la
mejor alternativa establece un límite inferior al valor mínimo
de un acuerdo aceptable. “El precio de reserva” de uno (la línea
inferior, punto de amenaza o de resistencia) es cualquier acuerdo
que produce exactamente este mínimo de utilidad esperada. Cuando
las alternativas son inciertas o cambiantes en el transcurso
del tiempo, el análisis de la decisión puede proveer una guía
sistemática para la acción (Rafia, 1968). La teoría de la utilidad
de los atributos múltiples puede clarificar los posibles resultados
cuando éstos tienen muchos atributos; incluso cuando las características
de las alternativas difieren de las características de los acuerdos
(Keeney y Rafia, 1976; Barclay y Peterson, 1976). En ciertos
casos, existen muchas alternativas posibles a la negociación,
cada una de ellas con sus incertidumbres y costos de descubrimientos.
En tales casos, la teoría de la búsqueda óptima puede proporcionar
estrategias para la investigación eficiente de las alternativas
y para la evaluación de los resultados esperados de tal investigación
(Lax, en la prensa). En los casos en que las alternativas de
las partes de un acuerdo son interdependientes, los conceptos
de la teoría de los juegos incluyendo la dinámica de las amenazas
y contra amenazas así como las múltiples variantes del análisis
de las coaliciones pueden ayudar a los negociadores a comprender
sus alternativas y, de esta manera, lograr una mejor comprensión
de las razones para negociar ( Luce y Raiffa, 1957; Raiffa,
1982).
En ciertas negociaciones ritualizadas o institucionalizadas,
tales como la negociación colectiva o la compra de artículos
costosos, las alternativas a un acuerdo (huelgas, cierres de
fábricas, otras cotizaciones de precios) son obvias, bien definidas,
y tácticamente prominentes. En otras situaciones, las alternativas
pueden ser sutiles y jugar un papel menos directo. Muchos negociadores
tienden a concentrarse en las tácticas y en el proceso de la
negociación; suponen, en efecto, que se alcanzará un acuerdo
e intentan mejorar éste lo más posible. En tales situaciones,
las alternativas pueden funcionar más como último recurso o
como idea de último momento que como influencias primarias en
la negociación.
2. PRESCRIPCIONES Y PROPOSICIONES.
Para contrarrestar esta tendencia común, hemos argumentado que
los analistas y profesionales de la negociación deberían complementar
su enfoque del proceso negociador con un escrutinio de los movimientos
designados para alterar el propio alcance de la negociación.
Detrás de las discusiones precedentes hay un precepto general
que puede ser fácilmente resumido: realice el potencial de las
alternativas al acuerdo.
Para desarrollar estas ideas con mayor profundidad y aumentar
su valor de aplicación, ofrecemos una serie de proposiciones
y prescripciones interrelacionadas. Nuestra primera prescripción
es mínima, pero frecuentemente ignorada. Un negociador deberá
evaluar todas las alternativas de las partes, considerar cómo
mejorarlas, y estar listo para elegir su alternativa al acuerdo
cuando ésta sea superior a las posibilidades negociables. Segundo,
la evaluación de las alternativas es inherentemente subjetiva
y, por lo tanto, depende de las percepciones. La evidencia experimental
sugiere que los negociadores tienden a percibir sus propias
alternativas en forma inconsistentemente optimista, de modo
que éstos deberían anticipar semejante sesgo sistemático. Tercero,
dado que mejores alternativas por lo general producen mejores
posiciones de negociación, no debería sorprendernos que las
nociones de “poder” en la negociación están estrechamente vinculadas
a las alternativas. Una comprensión más clara de esta relación
puede mejorar las decisiones estratégicas y tácticas. Cuarto,
la importancia de las alternativas que cada una de las partes
tiene a la adhesión. Los acuerdos permanecerán estables si cada
uno de los actores los percibe como superiores a sus alternativas.
Finalmente, estos consejos también son aplicables a las negociaciones
descentralizadas. Los gerentes, los decisores públicos, y los
legisladores pueden afectar las negociaciones dispersas en la
medida en que tengan la habilidad para cambiar las percepciones
que tienen los demás negociadores de sus alternativas al acuerdo.
A. Evaluar las Alternativas al Acuerdo.
Obviamente los negociadores deberán evaluar cuáles son las posibles
alternativas de acción para todas las partes. En ocasiones,
es apropiado usar elegantes herramientas técnicas, como las
ya mencionadas; en otras oportunidades será suficiente una reflexión
cuidadosa. Un ejemplo ilustra este punto.
Durante años, los estados norteamericanos gastaron grandes sumas
en ciertos tipos de servicios sociales, motivados, en parte,
por la expectativa de un reembolso por parte del gobierno federal.
Las circunstancias fueron poco transparentes, las cantidades
de dinero se elevaron a miles de millones, y no está claro si
se trataba de una buena política pública o de una simple laguna
jurídica. Sin embargo, durante varios años, los reclamos de
pago de los estados al gobierno federal afectaron negativamente
las relaciones estado – gobierno federal. Una nueva administración
asumió el poder y colocó el mejoramiento de las relaciones intergubernamentales
en su lista de prioridades. No obstante, las finanzas estaban
apretadas y los presupuestos se encontraban bajo estricto escrutinio.
En sus inicios, la nueva administración reasumió con seriedad
la negociación en torno a las demandas de reembolso. El funcionario
federal encargado de estas conversaciones pensó detenidamente
acerca de las tácticas y los enfoques dentro de las negociaciones,
pero también fijó buena parte de su atención en las mejores
alternativas de cada una de las partes a un acuerdo negociado.
Si las partes no alcanzaban un acuerdo en forma voluntaria,
podrían ir a un juicio. De hecho, en litigios previos, las partes
ya habían acudido a la corte. El gobierno federal había demostrado
su compromiso con la batalla legal mediante la evocación de
decisiones adversas y recientes. No obstante, para ninguna de
las partes lucía atractivo el prospecto de una prolongada guerra
legal, que involucraría resultados inseguros y costos excesivos
además de la pérdida de una oportunidad de mejorar las relaciones
durante el litigio. De hecho, el valor esperado de un acuerdo
voluntario orientó a ambas partes hacia una solución. Si ellos
lograban resolver este problema de tan larga trayectoria, se
establecería un excelente precedente procedimental que produciría
beneficios en otras muchas áreas.
Empero, durante su preparación, el funcionario federal pensó
cuidadosamente el rol del tiempo y se percató que éste afectaba
negativamente, al menos en cuatro formas distintivas, a las
alternativas de los estados a un acuerdo negociado con el gobierno
federal. Primero la inflación reducía el valor de cualquier
reembolso posible. La administración podía amenazar, con credibilidad,
con paralizar los reclamos en la corte por muchos años más.
Más allá del costo que tendría para los estados el no alcanzar
un acuerdo, el funcionario federal se percató de los factores
políticos, de mucha mayor importancia, en virtud de los cuales
un arreglo tendría un valor mucho menor para los estados si
se acordaba después de las elecciones gubernamentales. La inversión
en servicios sociales había tenido lugar años atrás; desde el
punto de vista de los estados se trataba de dinero ya gastado.
Para cualquier administración estatal, un reembolso sería una
suerte inesperada, que podría ser crucial, digamos, para lograr
el balance del actual estatal o para proveer fondos para su
programa favorito. Los períodos de los gobernadores eran de
menor o igual duración que los de la nueva administración federal.
La creíble amenaza federal de retrasar los procesos de acuerdo
podía, por lo tanto, privar a los gobernadores de un gran crédito
político. Un tercer factor en contra de ciertos estados fue
la frecuente rotación del personal que podía defender sus demandas
en los tribunales. En efecto, en la medida en que se erosionó
su capacidad de substanciar sus reclamos legales con el tiempo,
la calidad de las mejores alternativas de aquello estados declinó
con relación a las del gobierno federal.
Finalmente, el funcionario federal presentó el deseo de la administración
de solucionar este problema como una especie de “oportunidad
desvaneciente” para los estados. Este asunto de tan decisiva
importancia llamó brevemente la atención del secretario del
Gabinete. Sin embargo, su alternativa a cualquier arreglo fue
simplemente ignorar la disputa. Los reclamos desaparecerían
de su lista de prioridades y su manejo quedaría a cargo de los
mismos niveles burocráticos bajos donde habían permanecido empantanados
durante años.
Así, el empeoramiento de sus alternativas con el paso del tiempo
llevó a los estados a buscar un acuerdo temprano por una variedad
de razones. Por supuesto, cada uno de estos factores tenía exactamente
el efecto opuesto sobre las alternativas que tenía el gobierno
federal a un acuerdo negociado. Cualquier reclamo que se acordara
en el futuro se pagaría con dólares más baratos y más importante
aún se convertiría en un pasivo presupuestario de otra administración.
En comparación con muchos estados, la capacidad federal para
defender su caso legal no se vería afectada. Más aún, la alternativa
a la resolución de este asunto por parte del secretario fue
la atención a una multitud de otros asuntos importantes y apremiantes.
Estos factores tuvieron una gran influencia en las percepciones
estatales (y federales) de la zona de acuerdo posible. Con un
alcance más claramente definido, fue entonces posible la búsqueda
de principios apropiados para regular un acuerdo negociado.
Las partes alcanzaron un acuerdo muy por debajo de las peticiones
originales de los estados pero que era realista a la luz de
las alternativas de ambas partes. Sin embargo, el resultado
logró la gran ventaja de mejorar las relaciones intergu-bernamentales
con relación a una gama de diversos asuntos.
Si la evaluación detallada de las alternativas de las partes
es el primer paso para realizar su potencial, un buen negociador
considerará frecuentemente cómo mejorar sus alternativas. Las
negociaciones Británico – Maltesas de 1971 con relación al uso
de la base naval de Malta proveen un ejemplo instructivo (Wriggens,
1976). El Reino Unido había disfrutado el uso de una base naval
maltesa y había compartido sus derechos con otros países de
la OTAN. Sin embargo, los avances en el diseño naviero y en
los métodos de guerra habían reducido considerablemente la importancia
de las bases maltesas. Empero, con la finalidad de obtener mejores
términos en los acuerdos de arrendamiento, los malteses hicieron
pública la posibilidad de ofrecer su territorio a los soviéticos
para la instalación de una de sus bases. También se acercaron
a Libia y a otros estados árabes con la finalidad de obtener
grandes pagos en asistencia por la neutralidad de Malta. A nivel
simple, esto aumentó el atractivo de las alternativas de Malta
a un acuerdo negociado con los británicos. Pero los mismos movimientos
empeoraron considerablemente las alternativas británicas a un
acuerdo negociado con Malta. Tal cual lo señaló The Times
de Londres, “Lo importante ...no es tanto la necesidad (de las
instalaciones) en una era de guerra nuclear sino que no pasen
a manos soviéticas”. Estas acciones, además de causar presiones
directas en el Reino Unido, produjeron ansiedad en la OTAN,
cultivada cuidadosamente por los malteses, con lo cual indirectamente
aumentó la presión. Además del alto incremento del alquiler
pagado por el Reino Unido, otros miembros de la OTAN acordaron
proveer ayuda suplementaria a Malta. Sin juzgar las implicaciones
morales o prudenciales de este tipo de tácticas, especialmente
a largo plazo, vale la pena destacar el hecho de que las acciones
maltesas para mejorar sus propias alternativas y empeorar aquellas
de su contraparte, lograron mejorar considerablemente su posición
negociadora.
Al momento de prepararse para futuras negociaciones, una parte
puede modificar favorablemente la forma esperada de este encuentro
mediante acciones que afecten las alternativas a un acuerdo
de la otra parte. Por ejemplo, a principios de los años sesenta,
parecía cada vez más probable la expropiación de la mina chilena
de cobre “El Teniente” en manos de la Kennecott (Smith and Wells,
1975). Durante el proceso de preparación para la negociación
de los términos de expropiación, tales como la oportunidad,
las compensaciones, y la continuada vinculación de la gerencia
con la mina, la Kennecott, desde un principio, intentó involucrar
a una variedad de otras partes a fin de cambiar la naturaleza
de las alternativas de Chile de acuerdo con los términos preferidos
por Kennecott. En forma algo sorprendente, la compañía ofreció
en venta la mayoría de las acciones de la mina de Chile. Después,
la Kennecott acudió al Export – Import Bank y, con el producto
de la venta de estas acciones, financió la expansión de la mina.
El gobierno chileno garantizó ese préstamo que quedó sujeto
a la ley del estado de Nueva York. La compañía, entonces, aseguró
tantos activos como pudo bajo una garantía estadounidense contra
la expropiación. Se suscribieron contratos de venta a largo
plazo con clientes europeos y asiáticos, y los derechos de recaudación
de estos contratos fueron vendidos a un consorcio de bancos
europeos e instituciones japonesas.
Como resultado, los clientes, los gobiernos y los acreedores
compartieron la preocupación de la Kennecott con relación a
los futuros cambios en Chile. Aún más, las garantías y el seguro
mejoraron las alternativas que tenía la Kennecott si no alcanzaba
un acuerdo con Chile. Cuando se agotaban las posibilidades de
acuerdo y Chile se disponía a expropiar, la Kennecott pudo solicitar
el apoyo de todas estas partes. Aunque finalmente se nacionalizó
la mina, el empeoramiento de las alternativas chilenas al resultado
deseado por la Kennecott produjo una posición negociadora más
favorable para esta empresa que la de otras compañías en condiciones
similares que no habían emprendido acciones semejantes.
Si percibimos la negociación como un medio para obtener mejores
resultados mediante una acción conjunta que los que se obtendrían
de otra manera, entonces no debería sorprendernos que, en ocasiones,
la no negociación resulte ser un medio superior. Un análisis
sensato de las alternativas puede ayudar a clarificar este juicio.
Por ejemplo, el mentor de un hombre joven y ambicioso en una
compañía de gerencia de inversiones asumió la tarea de renegociar
los términos de la asociación del joven con la compañía. El
joven le había producido una gran cantidad de dinero a la compañía,
pero para lograrlo no siguió la estrategia acordada por los
accionistas mayoritarios de la empresa. Además, el joven había
estado “fuera de los procedimientos normales” para lograr sus
metas. Su mentor, el presidente de la compañía, podía imaginar
diversos posibles acuerdos de asociación que serían preferibles
para los intereses de la compañía. Sin embargo, en última instancia,
cualquier conjunto de términos positivos a la empresa parecían
peores al joven que la separación (y viceversa). Cuando ambas
partes analizaron su alternativa unilateral encontraron la solución
final: el joven abandonó la compañía; lo que en un principio
pudo considerarse una negociación fallida fue probablemente
el mejor resultado para ambas partes.
En un caso más estridente, el presidente Reagan resolvió el
problema del contrato de los profesionales del tráfico aéreo
cuando los despidió a todos y activó un plan de contingencia
para dirigir el sistema nacional de control del tráfico aéreo.
Desde la perspectiva de Reagan, la acción decisiva, no cooperativa,
además de solucionar la situación del tráfico aéreo lograría
una mayor moderación entre otros sindicatos de empleados públicos
y mantendría la reputación de un presidente duro. Una vez más
este caso sugiere un “fracaso” de negociación que ofreció, al
menos a una de las partes, una alternativa superior a cualquier
acuerdo negociable.
Nuestra primera prescripción, por ende, es evaluar todas las
alternativas de las partes, contemplar acciones para mejorar
estas alternativas y, cuando las posibilidades de negociación
son claramente inferiores - después de tomar en cuenta cuidadosamente
los efectos sobre las relaciones y sobre acuerdos vinculados
– elegir el mejor curso alternativo de acción.
B. Anticipar Percepciones Infladas de las Alternativas.
Una evaluación de las alternativas por parte del negociador
es inherentemente subjetiva y, por lo tanto, depende de las
percepciones. En consecuencia, los analistas y profesionales
de la negociación deberán ser sensibles a las diferentes percepciones
posibles de la misma alternativa. En un experimento de Harvard
que se ha repetido en diversos contextos con estudiantes y ejecutivos,
se les dio a los participantes información sobre una negociación
extrajudicial con relación a los reclamos por daños personales
de un particular a una compañía de seguros (Raiffa, 1982). A
los participantes no se les informó si los negociadores llegaron
a un acuerdo o si el caso fue llevado a tribunales. A cada jugador
se le asignó el rol de la compañía o el de demandante. Después
de la lectura del expediente del caso, se le solicitó a cada
uno de ellos en privado sus estimados reales de la probabilidad
que el demandante ganara el caso y, en supuesto de ganar, la
cantidad a indemnizar que se acordaría. En forma sistemática,
aquellos a los que se les asignó el papel del defensor del demandante
estimaron la probabilidad de ganar y la cantidad esperada en
niveles mucho más altos que aquellos a los que se les asignó
el rol de defensor de la compañía aseguradora. Los jugadores
a los que no se les asignó un rol previo a la lectura del caso
dieron estimados que, por lo general, se encontraban en un nivel
intermedio entre los defensores de las dos posiciones. Se han
observado resultados similares en casos relacionados con el
valor de una compañía que está en venta. Aún con la misma información
financiera, saldo de balances, cuenta de ganancias y pérdidas,
y otros datos afines, las personas con el rol de comprador,
típicamente, avalúan bajo su verdadero valor, mientras que los
vendedores asignan estimados mucho más altos. Los observadores
neutrales valoraron su potencial en puntos intermedios entre
los de ambos grupos.
Estos resultados, en combinación con muchas otras experiencias
de negociación, sugieren que los defensores tienden a sobreestimar
el atractivo de sus alternativas a un acuerdo negociado. Si
cada parte tiene una expectativa inflada de sus alternativas,
puede no existir una zona de acuerdo posible. El conocimiento
de esta propensión impone un intento consciente por ser más
realista en lo referente a nuestro propio caso, a no “creer
demasiado en nuestra propia línea”, y a tener conciencia y buscar
alterar las estimaciones que tiene la contraparte de sus alternativas.
Existen diversas tácticas que pueden ayudar a desinflar percepciones
no realistas. Como mínimo uno debe pedir consejo a partes no
involucradas en la negociación, cuyos estimados no estén influenciados
por sus roles. Los denominados mini-juicios pueden reunir a
ejecutivos de las partes opuestas con la finalidad de intercambiar
argumentos, para lo cual se representa una puesta en escena
de un juicio. Una exposición directa del punto de vista de la
otra parte puede alterar la evaluación que hacen los ejecutivos
de la alternativa de litigio, para la cual se suelen basar principalmente
en los consejos de los abogados de la empresa. Roger Fisher
(1983) sugiere, incluso, el establecimiento de divisiones de
arreglos en los bufetes u oficinas generales de asesoría legal
(cuyos abogados no estuvieran involucrados en la “alternativa”
de acudir a tribunales), separados de los departamentos de litigio,
cuyos abogados prepararían los casos para los tribunales. El
sesgo optimista de tales abogados podría incluso convertirlos
en litigantes más efectivos en caso de que no se alcance un
acuerdo.
Con frecuencia escuchamos que una disputa en particular no está
“madura” para la negociación o resolución. Por lo general, este
estado de cosas se presenta cuando las partes tienen estimados
inconsistentemente optimistas de sus alternativas no cooperativas.
Por ejemplo, un consorcio de compañías poderosas de los estados
centrales de Estados Unidos propuso la construcción de una represa
que ofrecía a los clientes de su área un servicio más económico.
Los ambientalistas se opusieron a este plan, con el alegato
que la represa dañaría el hábitat de la grulla blanca, un ave
en peligro de extinción. Los grupos de agricultores se unieron
en contra del proyecto ante el temor de que la represa redujera
el caudal de agua en el área. Aunque las partes intentaron negociaciones
desde el comienzo, cada cual consideró que sus alternativas
a un acuerdo eran bastante favorables. Las negociaciones no
fueron muy fluidas hasta que los ambientalistas y agricultores
obtuvieron una victoria sustancial en los tribunales (derrota
inesperada para las poderosas compañías) y, por su parte, las
compañías obtuvieron contundentes indicios de una acción del
Congreso a su favor. Con ello la percepción de cada una de las
partes de sus alternativas a un acuerdo negociado se volvió
menos optimista que en los inicios de la disputa y se produjo
un escenario para una negociación más realista, que culminó
con un acuerdo creativo de una represa más pequeña, garantías
del mantenimiento del nivel del agua del río y un fondo fiduciario
para la preservación del hábitat de las especies en extinción.
Se pueden dar otros tantos ejemplos de disputas que no están
“maduras” para negociar, dadas las percepciones inconsistentemente
optimistas que tienen las partes de las alternativas. Sin embargo,
ante este diagnóstico, de nada vale reunir a la gente en un
cuarto y emplear todo tipo de procedimientos con la finalidad
de fomentar la negociación. No se logrará la condición básica
para un acuerdo negociado dado que los acuerdos posibles le
parecerán inferiores a las alternativas unilaterales a por lo
menos una de las partes. Cuando éste sea el caso, la estrategia
no deberá enfocar el proceso de la negociación sino las acciones
fuera de la mesa de negociaciones que puedan reformular las
percepciones de manera que se genere una zona de acuerdo posible.
En cada uno de estos casos, entonces, los negociadores deberán
prever las percepciones infladas de las alternativas. Las prescripciones
implícitas son: 1) tomar conciencia e intentar contrarrestar
los sesgos del propio rol, y 2) en los casos en que las partes
tengan percepciones inconsistentes de las ventajas de las alternativas,
centrar la estrategia de negociación en la alteración de esas
percepciones, de forma que la acción conjunta llegue a lucir
preferible a la acción unilateral.
C. Entender la Relación entre las Alternativas y el Llamado
“Poder”.
Debido a que una mejora en las percepciones de nuestras alternativas
implica un cambio favorable en el alcance de la negociación,
la habilidad de cambiar las alternativas – y las percepciones
de éstas – es el supuesto de muchas concepciones de “poder”
de negociación. La estrecha complementariedad de las alternativas
y del poder de negociación, así como la relación entre las alternativas
y los conceptos de poder, están perfectamente claras en una
variedad de situaciones.
Suponga que el jefe le ordena una acción éticamente cuestionable.
Compare la situación resultante para el empleado que puede obtener
una buena oferta de trabajo fuera, con la del que carece de
esa posibilidad. Considere como la posesión de habilidades con
gran demanda en el mercado de trabajo puede modificar notoriamente
la tentativa de una esposa a negociar la culminación de un matrimonio
desavenido. ¿Qué sucede con las pesadas demandas del bravucón
del vecindario cuando desaparece la figura protectora de su
hermano mayor?.
En un escenario económico, uno puede decir en forma equivalente
que el poder monopólico en el mercado se debe a la existencia
de un proveedor único o de compradores sin alternativas. Los
sindicatos pueden favorecer leyes que establezcan un salario
mínimo alto en parte para limitar el atractivo de las alternativas
que tienen los empresarios a la escala de salarios avalada por
el sindicato. Por supuesto, la negociación sobre el valor del
trabajo o de un producto depende en su totalidad de la competencia
pura mediante la cual la alternativa que tienen todos a un precio
elevado es la tasa actual del mercado.
Estos ejemplos sugieren la proposición intuitiva que un aumento
de la deseabilidad de nuestras alternativas incrementa nuestro
“poder” independientemente si el aumento se debe a unos atributos
más valorados, al menor riesgo, a una menor aversión al riesgo
o un disfrute a más corto plazo de los beneficios o al pago
retardado de sus costos. Una gran cantidad de observadores han
destacado la relación entre alternativas y “poder” (3). La evidencia
experimental, escasa pero sugestiva, parece confirmar que, si
lo demás se mantiene igual, el mejoramiento de las alternativas
del negociador mejora la distribución de sus resultados negociados
(4). Se puede clarificar esta conexión mediante una referencia
a las concepciones del poder en la negociación, según las cuales,
éste se deriva de las habilidades tácticas, de cuánto “le preocupan”
a cada parte los asuntos en juego, de la capacidad para producir
daño, de la dependencia de una parte con relación de la otra,
o de la disposición para asumir riesgos o incurrir en costos.
Las siguientes secciones exploran las estrechas relaciones entre
estos antecedentes del poder en la negociación y las alternativas
de los negociadores a un acuerdo. Con la finalidad de facilitar
la exposición, consideramos una serie de negociaciones simples
con un alcance potencial para acuerdos mutuamente beneficiosos
y con la posibilidad de compromisos creíbles y vinculantes.
(El supuesto fuerte que los compromisos pueden ser efectivos
facilita el análisis y resalta el rol distintivo de las alternativas).
Habilidades Tácticas. Por lo general se piensa que las
tácticas de negociación son potentes. Sin embargo, tal cual
explicamos anteriormente, la mejor alternativa limita en forma
decisiva el alcance donde se pueden aplicar las tácticas. El
posible comprador de una vivienda que psicoanaliza al vendedor,
detalla sus flancos débiles y hace una oferta baja está perdiendo
su tiempo si el vendedor puede obtener un mejor precio en otra
parte.
Esta simple observación circunscribe las pretensiones legítimas
de los costosos asesores, los verdaderos creyentes y los teóricos
prescriptivos de la negociación. Por ejemplo, a pesar de que
el título del best seller de Cohen, You Can Negotiate Anything
(Todo es Negociable), alimenta las nociones populares sobre
el poder ilimitado de la habilidad para la negociación, en una
versión académica del mismo libro podría asegurarse desairadamente:
“Con alguna probabilidad, siempre y cuando su contraparte lo
considere preferible a sus alternativas unilaterales”.
Intensidad de Preferencia. Suponga que Sara desea un
Mercedes desesperadamente, pero se encuentra negociando con
un vendedor que se excedió en su cuota anual y en ese momento
no encuentra atractivo en el prospecto de otra venta. O supongamos
que, por ley, las piscinas del vecindario deben contar con un
salvavidas y un grupo de propietarios de una piscina están intentando
distribuir esa responsabilidad entre ellos, ¿Cuál es la posición
relativa del padre cuyo hijo nada con mayor frecuencia?. ¿Y,
a la hora de solicitar un aumento, quién tiene el poder de discusión
entre el supervisor de muchos empleados y un empleado particular
que solicita un aumento?. Se afirma con frecuencia que la parte
que “se preocupa más” por los asuntos en discusión en una negociación,
se encuentran en desventaja y que se puede explotar este “mayor”
interés.
Sin embargo, tal cual Thomas Schelling indica, una vez especificado
en forma correcta el alcance de la negociación (con todos los
atributos relevantes incluidos, desde el asunto más inmediato
a la mano hasta el enfado potencial, el altruismo, la mala voluntad,
los precedentes, la relación, etc.), no existe “intensidad de
preferencia” relativa que logre influir en los resultados. En
su lugar, el “triunfador” en la negociación es la parte que
logre comprometerse con un punto preferido creíble e irreversiblemente,
siempre y cuando, el punto sea un poco mejor para la otra parte
que su mejor alternativa. La parte que no asumió posición ha
perdido: debe seleccionar entre el punto de compromiso o la
alternativa inferior. Si Sara conoce el punto mínimo real del
vendedor, puede comprometerse con credibilidad a un precio un
poco más alto. Si hubiera seis dueños más de piscinas, cada
uno con dos días a la semana libres, el padre cuyo niño nada
con mayor frecuencia podría imponerse si se comprometiera con
el criterio de igual tiempo de vigilancia para todos o nada.
Si el supervisor, al conocer la productividad del empleado,
estuviera en última instancia a ofrecerle un porcentaje hasta
x de aumento, entonces tendría éxito el compromiso del empleado
con un aumento de x menos ¼ o, de lo contrario la renuncia.
Una vez más, la exposición – pero no el punto en cuestión -
depende de las posibilidades perfectas de un compromiso. Ver
Schelling (1960) para una espléndida discusión del arte del
compromiso.
La posición estratégica, por supuesto, es completamente simétrica
cuando el alcance es conocido y cada parte puede comprometerse
con éxito. El vendedor habrá ganado si adivina el máximo de
Sara y se compromete a una cifra un poco menor. Si los otros
cinco propietarios de piscinas se unen desde un principio y
exigen que el padre del niño que nade con mayor frecuencia realice
la vigilancia durante dos días a la semana o renuncia, mientras
cada uno de ellos asume la vigilancia durante un día, entonces
su demanda triunfará. Algo similar sucederá con el supervisor.
En situaciones de negociación pura, prevalecerá el primer compromiso
dentro de un alcance mutuamente aceptable.
Las alternativas superiores se inscriben en dos formas en este
escenario estratégico. Primero, si bien un compromiso vinculante
previo es invulnerable ante otros compromisos o amenazas, una
alternativa mejor recientemente formulada prevalece ante tal
compromiso previo. Si otro comerciante le ofrece a Sara un precio
mejor que el vendedor que se había comprometido irrevocablemente
con un precio justo por debajo de su máximo, éste último habrá
perdido. Si al momento de confrontar al grupo de padres que
demandan dos días de vigilancia a la semana, el padre hablador
intensivo encuentra un grupo que requiere sólo medio día a la
semana de vigilancia, entonces el primer grupo habrá perdido.
Un nuevo empleo que ofrezca un salario mayor al que se comprometió
el supervisor permitirá al trabajador “vencer” el compromiso.
Nótese, como segundo punto, que si “la intensidad de preferencia”
tiene algún significado, es con respecto a la diferencia entre
las preferencias por los acuerdos posibles y por las alternativas
disponibles. Puede que Sara se desviva por poseer un Mercedes,
pero una oferta firme de otro vendedor, cercana a los precios
de discusión con el primer vendedor, le resta interés al juicio
de que a Sara “le importa más”. Por esto, la fuerza de preferencia,
baja o alta con respecto a las alternativas disponibles, no
es tácticamente importante en la presencia de posibilidades
de compromiso creíbles que, a su vez, son vulnerables ante unas
alternativas superiores.
La Capacidad para Comprometerse. En su análisis, Schelling
establece una estrecha relación entre el “poder” y la capacidad
para comprometerse con una posición de la que no se espera que
se retroceda. Uno se compromete con un punto en el alcance de
la negociación mediante la auto-imposición de grandes costos
en caso de aceptar acuerdos menos atractivos que ese punto específico.
Si estos costos condicionales hacen inaceptables los acuerdos
menos favorables con relación a las alternativas actuales de
uno, la contraparte se ve obligada a escoger entre el punto
específico y una alternativa menos deseable. Un compromiso,
por lo tanto, funciona mediante la restricción del alcance de
la negociación en forma favorable a la parte comprometida.
Existe una complementariedad entre las jugadas estratégicas
para el compromiso y las jugadas estratégicas para mejorar nuestras
alternativas. El mejoramiento de nuestras alternativas también
restringe el alcance de la negociación en forma favorable, pero
mediante un mecanismo diferente; éste modifica el standard de
aceptabilidad contra el cual se comparan los acuerdos posibles.
El compromiso, en contraste, modifica las posibilidades de acuerdo
relativas a un nivel fijado de aceptabilidad. Aceptar un acuerdo
inferior a una alternativa mejorada equivale a renunciar a un
beneficio alcanzable. Aceptar menos que el punto con el cual
uno se ha comprometido equivale a asumir un costo auto-impuesto.
Nótese que tanto la acción de comprometer como la acción para
mejorar las alternativas puede agregar nuevos elementos a un
juego de negociación ya especificado. El compromiso invoca la
capacidad latente de incurrir en costos condicionales al contratar
con terceras partes, comprometer la reputación de unos ante
otros y emplear una serie de tácticas que involucran nuevos
atributos, asuntos y participantes. En forma similar, los intentos
por mejorar las alternativas mediante la búsqueda de mejores
condiciones, la solicitud de otras ofertas, la creación de una
nueva alianza, la contratación de mejores asesores, o el desarrollo
de poderío militar pueden ser percibidos como tácticas que producen
una alteración en el juego original.
Por ende, los compromisos y el mejoramiento estratégico de las
alternativas son, en cierto modo, tácticas complementarias.
Los negociadores deben gastar recursos para emplear cualquiera
de ellas. Pero los compromisos exitosos son arriesgados dada
la dificultad de presentarlos con credibilidad, obligatoriedad,
irreversibilidad y visibilidad. Los negociadores, con frecuencia,
desconocen los límites del alcance de negociación mutuamente
aceptable. Por esto, un compromiso con un punto favorable entraña
el riesgo adicional de salirse del alcance verdadero. Sin embargo,
una mejor alternativa no presenta este inconveniente. Aún más,
el compromiso en que uno incurre es vulnerable tanto al compromiso
contraído previamente por la otra parte como al mejoramiento
de sus alternativas. Una alternativa mejorada, en cambio, no
puede ser invalidada por compromisos anteriores o subsecuentes.
Por supuesto que una amenaza podría eventualmente degradar las
alternativas originales del oponente o incluso las mejoradas.
Al escoger su táctica, el negociador debe tener presente estas
consideraciones.
La Capacidad para Infligir Daño. La capacidad par infligir
daño o impedir beneficios es un instrumento clásico de la negociación.
Por supuesto, “la oferta que no se puede rehusar” y la amenaza
nacional de sanciones económicas o militares también se pueden
entender mediante el concepto de alternativas al acuerdo, específicamente,
porque empeoran las alternativas de la otra parte si ésta no
accede.
La capacidad para cambiar la alternativa del otro difiere conceptualmente
de la capacidad para mejorar la propia. Roger Fisher ilustra
este punto al contrastar las diferentes formas de “poder” con
la que cuenta el entrevistado, persona que porta un arma y aquel
que ya tiene otra oferta tentadora al momento de solicitar trabajo.
La amenaza de infligir daño a menos que se tome alguna acción
se puede entender como un comportamiento condicional. Los compromisos
previos, por lo tanto, pueden neutralizar las amenazas subsecuentes:
si el entrevistador ya emitió un juicio irrevocable de no contratar
al sujeto, la pistola del aplicante puede infligir venganza,
pero en ningún momento la obtención del empleo.
Cuando una compañía enfrenta una absorción hostil puede intentar
la disuasión mediante la amenaza de grandes costos legales.
La amenaza fracasa si el licitante se ha comprometido a correr
con todos los gastos legales de la adquisición. Sin embargo,
si la compañía en cuestión encuentra una compañía “salvadora”,
puede prevenir la absorción poco amistosa o lograr mejores términos.
Esta mejora en las alternativas puede negar el compromiso del
agresor, cuestión que no logra la capacidad de imponer costos.
Por lo tanto, la amenaza de daño puede entenderse como un cambio
condicional de las alternativas de la contraparte; es conceptual
y estratégicamente diferente del mejoramiento de las propias
alternativas.
Dependencia de la Otra Parte. Con frecuencia se piensa
que una relación de dependencia, como la del niño con sus padres,
empleado, y jefe, o colonia y poder colonial, implica una debilidad
negociadora de la parte dependiente. La dependencia aumenta
en la medida en que el acuerdo (que depende de la otra parte)
produce mayores beneficios relativos al valor de las alternativas
independientes.
Una potencia mundial puede obtener términos favorables mediante
la amenaza de imposición de costos o retención de beneficios
a un país satélite. Una colonia depende del poder colonial que
es el único comprador de su único producto. Además de evocar
las diferentes intensidades de preferencias (consideradas anteriormente),
el “poder” en relaciones de dependencia se puede entender como
una combinación variable de dos elementos claves, también analizados
con anterioridad: la capacidad para cambiar las alternativas
de la otra parte y las cualidades atractivas de nuestras propias
alternativas rivales. Las nociones de poder que se derivan de
la dependencia están, de ese modo, orientadas por las alternativas
de los negociadores.
Lo que está implícito en el análisis de estos elementos, es
que la atribución de “poder” en las relaciones de dependencia
es, por lo general, más difícil de lo que aparenta a simple
vista. El país que está al borde de incumplir con sus pagos
y el deudor que debe 50 mil dólares al banco, seis giros del
carro, y los gastos de la enfermedad de su esposa, piensan que
tienen problemas, pero bien puede ser que sean sus acreedores
los que están en aprietos.
Disposición de Asumir Riesgos o Incurrir en Costos. Estas
cualidades, que reciben mucha publicidad, pueden ser directamente
traducidas al lenguaje de las alternativas. Mientras más propenso
al riesgo e insensible a los costos sea un negociador, más atractiva
se vuelve una alternativa arriesgada y costosa al arreglo propuesto.
La utilidad subjetiva del no acuerdo es la clave para comprender
el rol de las alternativas. Las actitudes hacia el riesgo y
el costo son meramente parte del modelo patrón mediante el cual
un negociador evalúa los resultados potenciales y los representa
a los otros negociadores.
El “poder” es un concepto notoriamente escurridizo. No obstante,
un gran número de nociones comunes de poder en la negociación
tales como habilidades tácticas, intensidad de preferencias,
capacidad para comprometerse, dependencia e inclinación al riesgo
están íntimamente relacionadas con las alternativas. Cuando
es posible la reducción de enunciados ambiguos acerca del poder
a enunciados precisos acerca de las alternativas, entonces preferimos
hablar directamente en términos de alternativas. El negociador
deberá por lo general iniciar su búsqueda del poder a través
de las alternativas.
D. Concentrase en las Alternativas a la Continuación del
Acuerdo.
Hasta los momentos, los consejos se han concentrado en el papel
de las alternativas a un acuerdo negociado antes y durante la
negociación. Sin embargo, con frecuencia, los términos de un
acuerdo podrían ser inseguros después de alcanzado el acuerdo.
Una de las partes podría renegar del acuerdo, o solicitar la
revisión de sus condiciones. En algunas ocasiones, tal demanda
es predecible. Consideremos el caso de una compañía multinacional
minera en negociaciones con un país por la explotación de una
mina. Antes de iniciar el proyecto, la alternativa al acuerdo
de la compañía con el país anfitrión es llevar su negocio a
otra parte. El país puede tener sólo un número limitado de clientes
débiles para la explotación. Sin embargo, una vez acordados
los términos y después de una inversión en la mina de cientos
de millones de dólares, la alternativa de la compañía a una
continuación del acuerdo es partir, lo cual es, a estas alturas,
una proposición costosa y, por ende, perdedora. Sin embargo,
con la construcción de la mina, pueden cambiar en forma drástica
las alternativas del país para continuar con el acuerdo. Se
puede esperar un aumento en la presión de la renegociación.
De hecho, la estructura de esta situación es tan común que Raymond
Vernon ha apodado estos acuerdos mineros con el nombre de “negociaciones
condenadas a la obsolescencia”, y otros analistas (Rafia, 1982;
Lax y Sebebenius, 1982) han investigado las propiedades generales
de los denominados contratos inseguros. Un contrato inseguro
es un acuerdo en el cual los incentivos de una parte para acatar
los términos se reducen después que la otra parte realiza un
primer movimiento irrevocable con relación al acuerdo. En forma
equivalente, la alternativa de cada parte a un acuerdo negociado
cambia en forma predecible durante la vida del contrato.
Una solución genérica al problema de los contratos inseguros
implica el seguimiento cuidadoso de las alternativas a continuar
el acuerdo que tiene cada una de las partes y el asumir los
pasos necesarios para lograr un acuerdo superior a la alternativa
en cada etapa. En el caso Kennecott-Chile, previamente citado,
la compañía intentó, con éxito parcial, modificar las alternativas
de Chile al acuerdo original. La Kennecott intentó afectar las
alternativas de Chile al transformar la expulsión de la empresa
en un encuentro bilateral único, en un encuentro multilateral
a largo plazo, en el cual Chile tendría que tratar y depender
de muchas otras entidades con relación a una multiplicidad de
asuntos. Muchos contratos mineros modernos diseñan sus propias
estructuras financieras para lograr exactamente el mismo fin,
es decir, un empeoramiento en las percepciones del país anfitrión
con relación a las consecuencias de abandonar el contrato original
(Fruhan, 1979).
En un ejemplo similar, el nuevo presidente de la subsidiaria
brasileña de una compañía multinacional británica persuadió
a la junta directiva de la casa matriz a centralizar todas las
operaciones suramericanas y cambiar la estrategia previa de
producción según especificaciones por una estrategia de producción
en masa. Debió enfrentar una gran batalla para vender su estrategia
y en el camino se ganó unos cuantos enemigos en la sede de la
casa matriz en Londres. No obstante, su cargo de jefe nominal
de la nueva organización suramericana le otorgaba sólo autoridad
limitada sobre ciertas decisiones claves. Muchos de los gerentes
nacionales anteriormente autónomos se resintieron ante su nuevo
status. Los vendedores preferían las antiguas relaciones personales
con el cliente y una imagen de mayor calidad. Los ingenieros
suramericanos de la compañía deseaban sus prerrogativas de diseño
individual. Si bien, el nuevo gerente pudo tomar algunas medidas
hacia la implementación de la nueva estrategia, necesitaba una
cooperación sincera de los actores claves en concordancia con
la estrategia elegida.
Al inicio de su nuevo proyecto, solo tenía la posibilidad de
tentar “al acuerdo” a cada uno de los grupos suramericanos importantes
con la promesa de ganancias conjuntas como resultado de la nueva
estrategia. Ofreció un nuevo status a los gerentes de los países,
mayor volumen y ganancias a los vendedores y el desafío de nuevos
problemas de diseño a los ingenieros de la compañía. No obstante,
durante las primeras etapas de la nueva estrategia, la alternativa
de cada uno de los grupos suramericanos al “acuerdo” de actuar
en concordancia con la nueva visión estratégica fue simplemente
ignorar al nuevo presidente o acudir a la casa matriz en Gran
Bretaña. Londres, sencillamente, no le había dado las herramientas
necesarias al presidente para obligarlos a cumplir. Sin embargo,
la estrategia del nuevo gerente fue diseñada de tal forma que,
una vez iniciada, involucrara en su totalidad al grupo latinoamericano
en una guerra de precios con competidores y provocara la destrucción
del esquema anterior de hacer negocios. En resumen, la alternativa
suramericana a continuar el acuerdo, una vez iniciada la estrategia,
era una situación peor que la prevaleciente con anterioridad.
Esto mantuvo al grupo unido y funcionó contra los incentivos
y las oportunidades a resistirse, no continuar o traicionar.
La estrategia tuvo un gran éxito, y todas las partes del Reino
Unido y Sudamérica compartieron grandes beneficios. El nuevo
presidente de Sudamérica había diseñado la estrategia cuidadosamente,
de forma tal que, una vez instrumentada, la alternativa continuar
el acuerdo con él pareciera siempre peor a las partes, que la
cooperación que intentó obtener. Esto concuerda con la prescripción
general de concentrarse en las alternativas a fin de mantener
el acuerdo.
E. La Manipulación de las Alternativas para Influir en una Negociación
Descentralizada.
Nuestra proposición final tiene que ver con el papel de las
alternativas en la orientación a una red de negociaciones que
serán llevadas a cabo por otros. Con frecuencia las reglas o
las estructuras impuestas por otros condicionarán la negociación
descentralizada. Por ejemplo, en los deportes a nivel profesional
se lleva a cabo un gran número de negociaciones entre los individuos
y los equipos. Bajo algunos contratos firmado por los sindicatos,
los jugadores están atados a un equipo y no pueden negociar
con otros; de ese modo, un jugador no tiene ninguna alternativa
(a no ser en la ocupaciones no deportivas). Se puede predecir
que este sistema de “cláusula de reserva” inclina la balanza
a favor de los equipos. En el otro extremo de las regulaciones,
los jugadores pueden tener el derecho a negociar con todos
los equipos y jugar para el mejor postor. Bajo esta regla de
“agente libre”, los jugadores tienen muchas alternativas y no
es sorprendente que los salarios de los jugadores suelen ser
más altos. Entre la cláusula de agente libre y la de reserva
se encuentran varias opciones intermedias que especifican las
alternativas de los jugadores en formas más balanceadas. Por
ejemplo, una regla especificará que, si no se logra un acuerdo
con un equipo designado, el jugador quedará un año fuera de
juego, sin salario ni experiencia, antes de obtener el status
de agente libre. Otro conjunto de reglas podría permitir al
jugador negociaciones libres, pero con un mínimo limitado de
equipos. El punto a resaltar en este ejemplo es que la estructura
de las reglas que gobiernan una gran cantidad de acuerdos descentralizados
afecta a aquellos acuerdos directamente a través de las alternativas
disponibles para las partes.
Los procesos presupuestarios de una conocida compañía de computadoras
ilustran este punto. En esta exitosa compañía, los presupuestos
se elaboran por medio de la negociación entre todas las divisiones
y departamentos involucrados. Cada división o departamento tiene
la opción de apoyar o no apoyar las proposiciones de las otras.
Si los desacuerdos no se pueden resolver a través de la negociación
escalarán en la corporación y finalmente llegarán a un comité
central de gerencia que tomará una decisión. La alta gerencia
de esta compañía desea estimular una variedad de negociaciones
constructivas entre las personas en la compañía que están más
cercanas a los problemas y que tienen mayor experiencia. El
“arbitraje” de alto nivel funciona como la última alternativa
a un acuerdo negociado entre la gente de la compañía. Además
de solucionar disputas individuales, la alta gerencia espera
afectar las percepciones en dos modos mediante su patrón de
decisiones. Primero modificando las percepciones de los empleados
con relación a los costos de no llegar a un acuerdo, la alta
gerencia espera estimular una gran cantidad de acuerdos de bajo
nivel. Segundo, mediante el patrón de sus escogencias, este
cuerpo espera modificar el contenido de los acuerdos de bajo
nivel en formas que concuerden con ciertos objetivos y políticas
de la corporación. Desean convertir al comité central de gerencia
en alternativa favorable para aquellos que no logran acuerdos
a niveles bajos por razones que concuerdan con la estrategia
preferida por la compañía. En forma similar, la alta gerencia
espera que la alternativa de escalada parezca poco agradable
y muy costosa para aquellos que no logren resolver sus diferencias
debido a un desacuerdo con las políticas de la empresa. Mediante
la manipulación cuidadosa de la percepción de las alternativas
a los acuerdos a bajo nivel, esta gerencia corporativa ha influenciado
con efectividad un gran número de negociaciones que se llevan
a cabo dentro de la compañía. Los gerentes en muchos contextos
gozan de posibilidades análogas.
CONCLUSIONES
A través de este artículo hemos tratado la negociación como
uno de los medios disponibles para alcanzar fines deseados,
aunque ciertamente un medio importante y promisorio. De allí
que, lo que ocurre “fuera de la mesa de negociación” puede competir
con lo que ocurre “en la mesa”. Por lo general uno se encuentra
en una mejor posición negociadora cuando mejoran las alternativas
propias y cuando empeoran las alternativas de la contraparte.
Los negociadores emplean diversas tácticas para crear la impresión
que esto está ocurriendo realmente. Antes y durante la negociación,
aconsejamos a los participantes para que evalúen las alternativas
al acuerdo. Ellos deben anticipar rutinariamente las percepciones
infladas y buscar contrarrestarlas. Un diagnóstico que indica
que una negociación no está “madura” para el acuerdo puede deberse
a percepciones inconsistentemente optimistas de las alternativas;
cuando este sea le caso, la estrategia deberá dirigirse a alterar
estas percepciones. También hemos sugerido varias maneras como,
al desenvolverse el proceso de negociación, la búsqueda del
“poder” se vincula con las alternativas. Aún después, una clave
para asegurar los acuerdos es la conformación de las alternativas
subsecuentes de forma que parezcan inferiores al mantenimiento
del acuerdo. Este consejo es válido para encuentros convencionales,
cara a cara, así como también para acuerdos descentralizados
en los cuales uno espera influir. A la luz de estas observaciones,
una prescripción más general resulta evidente: realice el potencial
de las alternativas al acuerdo. El reto que plantea este consejo
a los negociadores, por supuesto, es el de encontrar formas
de cooperación que produzcan resultados superiores.
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